miércoles, 17 de marzo de 2010

pierna quemada, vida frágil

me acabo de quemar la pierna. estaba en el escritorio, escribiendo. me sentía un poco inquieta. fui a la cocina a prepararme un té. no tenía más bolsitas. una amiga me da una: punto para mi capricho. dejo sumergir la bolsita en el agua caliente. llevo mi taza a la habitación, la pongo junto al ordenador, los libros. qué sé yo qué gesto me hace voltear la taza y regar el agua. es el segundo día de amenaza de primavera, hay unos rayitos de sol, por eso llevo un vestido corto. el agua aún muy caliente cae de golpe sobre mi muslo derecho, rueda por una parte de mi brazo también, moja los libros. me quito el vestido. lo pongo sobre la mesa para secar el agua, echo el ordenador a la cama y me meto en la ducha, fría. me arde. tengo tontas ganas de llorar. salgo, me visto. mientras me pongo un aceite de almendras para aliviar el dolor, veo que empiezan a salir ampollas en mi pierna: este estuche frágil, frágil en el que estoy metida. recuerdo una imagen: ella se atoró con algo, no respiraba más. él, desesperado, la agarró con silla incluida y salió corriendo de la casa con la mujer a cuestas. mientras él buscaba el centro médico más cercano, a ella se le evaporaba la vida, así, entre el ruido de los autobuses, del caos del centro de la ciudad...

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