jueves, 18 de marzo de 2010

el mundo cabe en un postre

el grupo es de africanos. son alrededor de diez. hay uno que está sentado sobre la mesa. el resto hace un círculo muy cerrado. solo hay uno fuera de círculo, toma fotos mientras el resto charla, improvisa coplas de rap. no logro ver lo que hay en el centro... a penas diviso a dos chicas justo en la mitad. varias veces los he visto aquí, en una de las cafeterías de la universidad de parís 8. las chicas son blancas. cabellos teñídos, rubísimas. europeas, seguro, pero han asumido la estética propia de las chicas negras. la ropa super ajustada, los ojos maquilladísimos, algo de brillo en los accesorios. no sé bien lo que hacen (yo me como un postre), porque su disposición en el espacio no me permite ver qué es lo que está en el centro de la mesa. una de las chicas se ha levantado para fumarse un tabaco fuera del salón. veo que en el bolsillo posterior del pantalón se asoma un cúmulo de naipes. en la mesa contigua a la de ellos una profesora (aparentemente) corrige exámenes. me mira y me lanza al aire una pregunta sobre una palabra en español: parece que mi cara de sudaca es inconfundible.
mientras me acabo mi postre, un grupo de manifestantes entra al salón. son al menos una treintena. hay una chica, pequeñita, de mi talla (eso es muy poco en cualquier lado, pero sobre todo de este lado del mundo) tiene un megáfono. nos invita a protestar frente a la prefectura, porque un profesor podría ser expatriado. los franceses sí que joden. curioso apellido: Mandela, maestro de antropología de esta universidad. hemos firmado ya varias peticiones y desde la ventana de mi habitación se ve un cartel enorme que dice: Mandela, la Universidad de Paris 8 está contigo.
Al salir de la Universidad seguro me espera un chico que vi a la entrada, me había pedido que firme algo en pro del grupo de estudiantes por la defensa de derechos de género. le había dicho que iba a comer, que seguro al volver lo haría. sobre la mesa de la mesa de la cafetería, un papel que invita a un concurso de composición pianística y otro anunciando las actividades de Densidad 93, un grupo de musicología de la Universidad.
Pienso en mi Universidad en Ecuador, tan chic, tan perfecta, en mis compañeros (en los que se la jugaron a pesar de todas las dificultades en medio de ese ambiente tan aparentemente perfecto). Recuerdo que en primer año, cuando yo aún no cumplía 17 años, tenía compañeros que iban en el carro que sus padres les habian regalado por la graduación de secundaria. Recuerdo cuánto costaba la Universidad y me asusta, pues no hay posibilidad de comparación a ese nivel con los centros de estudios superiores europeos. Recuerdo eso y me da cierta verguenza que mis padres hayan pagado eso. Ahora me voy a la biblioteca del centro pompidou, un lugar magistral. me formé en una facultad de filosofía y letras que no tenía biblioteca, por eso este lugar me conmueve, me deja boquiabierta, me hace sentir más bien en una ludoteca. pienso siempre en los extremos. en cómo se salta de una punta a otra, en la cara de la coordinadora académica de artes vivas aquí, tras mi comentario de que en ecuador no existe un doctorado en artes (no me atreví tampoco a decir que no había máster) o en la cara de la chica alemana que conocí anoche, cuando le dije que nos quedamos anclados en brecht, en muller, teatralmente hablando, en nuestro país.
pienso en todo eso y en la explosión de talentos que hay en ecuador, en mi ciudad insufriblemente maquillada, derechista, que cultiva esquemas de vida, de conducta que me hacen dudar con respecto a mi decisión de volver. pienso en los contrastes y en la maravilla de estar en la mitad, en lo difícil que es mantener una postura crítica que no se contamine por la subjetividad. pienso en que pronto me toca volver y que será complicadísimo, en mi amigo de burkina faso que me habla de los dramaturgos del enlace, corriente de los años 90 que sirve para denominar a un grupo de dramaturgos de su país que viajó a formarse en europa y se quedaron siempre en el "entre". pienso en las semejanzas y al mismo tiempo en las distancias enormes, en las mezclas y en la gracia de vivirlas.
un flash me distrae ligeramente. el círculo de chicos se ha desarmado. las dos muchachas posan frente a un ventanal para una foto. tienen las manos pintadas: obra de los chicos. el muchacho capta el trabajo. se dispersan.

uno se me acerca y me pregunta si escribo sobre ellos. sonrío, sonrío. le ofrezco mi último trozo de postre y me voy a la biblioteca.

5 comentarios:

BLUEKITTY dijo...

¿Qué postre comías que te hizo ver y pensar tanto?

Anónimo dijo...

ami, siempre estás en todas partes. seguro era chocolate negro! ;) love uu
lunática

maga dijo...

jajaja los postres son pretextos. igual, linda pregunta

amanda dijo...

a cada uno le ha tocado vivir una vida! es lo q hay!
q tal por paris? te echamos de menos en el master!

maga dijo...

ay!! cômo te recuerdo, amanda (como te cantara el victor jara!) paris me trata violentamente, ni mâs faltaba... yo sî que los echo de menos a ustedes. voy por sevilla a fines de mayo. tû vienes por estas tierras? un beso. te quiero

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