cómo no va a sentir que se le parte la cara si este es el fin, el fin. hoy usted se despertó y se tocó las manos, las palmas de las manos como siempre y tenía la piel agrietada. usted jura que se sacó una parte de piel, pero no quiso decírselo ni a sí misma. entonces se volteó, se acurrucó en la sábana. le dio duro al móvil para que deje de sonar la alarma. entrevió que el vídrio de la ventana estaba empañado por lluvia.
lluvia
lluvia
renacimiento
-se dijo.
se volvió a dormir.
soñó con una cama. usted estaba semidesnuda, jugueteando con un amigo. una situación un poco ambigua.
era la cama de su padre. lo percibió en algún momento.
de repente orine de algún animal entre esas sábanas.
la madre corriendo a limpiar el chorro y a usted acabándosele la gracia con el amiguito.
-alarma.
ay, esos universos que se crean en diez minutos que dura una timbrada y otra.
entonces usted dejó de lado la sábana. e intentó pararse. y se miró de nuevo las manos, porque no sabía si eso de las manos hechas mierda era parte del sueño o de qué cosa.
y vio que sí, que las manos estaban ásperas
se sacó otro trozo de piel.
puso los pies desnudos en el piso. había esas capas de piel por todos lados. usted pasó corriendo al baño. no quiso mirarse al espejo, tenía miedo de su rostro.
orinó. recordó de nuevo el sueño, el amigo. le dio cierta risa del jugueteo onírico con él.
y entonces rió fuerte, para sentir cómo se estremecía ese cuerpo que se le caía a pedazos.
y vio cómo el piso del baño también se llenaba de esos cúmulos de células muertas.
quiso gritar pero no pudo. la lluvia había acabado.
corrió hacia las ventanas, las cerró. también cerró la persiana.
puso música a todo volumen y se sentó en la esquina de la habitación.
subió las piernas en esa sillita blanca, purísima. neutra.
se quedó ahí, nerviosa mirando a la nada.
mirando cómo usted misma se descascaraba.
y tenía miedo.
tanto miedo.
y trataba de sujetarse la cara que se le hacía añicos.
y pensaba en cuán inoportunos son los finales
en que nunca se está preparado para ellos.
y a usted le entró un ataque de risa.
esa risa nerviosa inconsolable
que se alberga quién sabe dónde
y siguió imparable imparable
hasta quedarse otra vez dormida.

2 comentarios:
del sueño a la poesía, eterna viajera... efímera. Es hermoso porque dices que sientes como si fuera el lecho de tu padre, y es así, porque estás en medio de la poesía, el lecho de tu padre
david, qué hermoso que me visites aquí. tú, siempre viendo en mí cosas que ni yo soy capaz de ver. te quiero. ansío verte, mi arcoiris.
Publicar un comentario en la entrada