martes, 29 de junio de 2010

Tránsito de salida de París, de Erasmus Mundus

Por la ventana del autobús rumbo al aeropuerto: Rue du depart –coincidencia 1. Las lágrimas de Kyunghwan y las de Alain despidiéndome desde fuera de la ventana. El carro que echa a andar. La torre Eiffel hermosa en este verano incandescente y el bus que va alejándose y la hace ver pequeña (me rehúso a creer que la distancia genere la impresión de lejanía).

El reloj marca las 18h29 al interior del auto. Todo es calma, todo es calma, entre los pasajeros.


Arret/Stop: Montparnasse, dice la conductora del autobús.

Un muchacho sube con una camiseta que dice Holidays. Él, de vacaciones, yo despidiéndome de esta historia.

Un edificio de Le petit Journal, delante de mí. La parada, más bien la pausa, atrae el recuerdo.

Noche larga la última, de esas que de repente muerden el inicio del amanecer y lo someten a sus encantos: comida, guitarreo, brazos de Italia, de Camerún, de Corea, de Canadá, de Brasil, de España, de Eslovenia, de Bosnia, de Ecuador, de Portugal, de Polonia… se cruzan, se funden, se reconocen, justo al final.

(…)

El auto continúa el tránsito. Un puente que une dos edificios. El Hotel Concorde Montparnasse. París es tan chic. Una paloma bebiendo agua en una hermosa fuente redonda de la Place de Catalogne. Le damos la vuelta al círculo.

-semáforo- -stop-

-vuelta en mi propio círculo. camino hacia el pasado.

Cómo cantamos ayer, cómo reímos. Dónde se albergaran esas risas, en qué se convertirán después. Cómo las recordaré en 20 años. ¿Viviré 20 años más?

(…)

Sigue el tránsito: un spa, una clínica veterinaria, un lugar para comprar oro, restaurante chino, salón de té, banco, edificio enorme, típicamente de fines del siglo XVIII /eso aprendí con Laura, ¿en qué sitio, en qué tiempo la reencontraré a Laura, compañera de últimas aventuras en París? / Un cartel que dice Porte de Chatillon. La típica entrada de metro parisina. Un hombre con chalequito negro, camisa blanca y corbata de lazo se fuma un tabaco junto a una cafetería. Una mujer que pasea un perro que no ladra, se para, lo mira. Un anuncio: viaje a Viena por 30 euros.

(…)

Veo desde la ventana una mariposa con alas azules. Es una pintura en la fachada del edificio de El Correo. Un auto, como el viejo auto de mi padre: un volkswagen escarabajo. La infancia de repente volando por la ventana, con la mariposa y una iglesia impresionante se levanta delante de mí, que parece que me dijera “hacia donde vuelas también es sagrado”.

Nos alejamos. Me alejo de estos cinco meses de vida en París. No he dormido nada. No he dormido nada. El corazón cansado. El corazón adolorido. París hacia las afueras es una ciudad llena de grafittis. Los muros de París cuentan una historia que jamás será asociada a la de París de todos los ensueños de postales. París aquí, París ahora. París y el cielo despejado, como la nostalgia despejada.

(…)

Un hombre que va delante de mí se sostiene la cabeza. ¿Qué es lo que no quiere que se le escape, me pregunto? Me pierdo en divagaciones.

(…)

El autobús ha llegado a Orly Ouest. La próxima parada será la de mi aeropuerto: Orly Sud, el sitio donde tomaré el avión a Sevilla. Sevilla, la ciudad en la que haré la defensa oral de mi tesis. Mi tesis, que no sé cómo será evaluada, pero que me abre la puerta a un mundo desconocido. El mundo desconocido, uno informe y maravilloso, el de las artes: La verdad.

Reviso la postal que NamJo me dio antes de partir:

The beginning is the end

But the end is the beginning.

-no sé cuántas horas después, colgaré este post. Quién sabe desde donde… Hasta tanto me acuerdo de Patricia, la bellísima, loca y profunda Patricia; de Bibi, a quien no volví a ver pero con quien deseo trabajar y a quien quiero como mi hermana; pienso en mi inseparable, conflictual y honda Ana Djorjevich, con toda musicalidad en la profesión como en la sangre; en Carla: la sutilidad, la búsqueda de la perfección, la dulzura; en el gran Ibrahim: todo el afecto, a pesar de la coraza; en Wu, los días juntos cuando llegó a Bruselas, los descubrimientos, la extraña lejanía; en Rashna, la que va cada vez más lejos, para al fin encontrar lo que su corazón pide… a Alain y a Kyunghwan, desde la locura extrema y desde la sutileza completa, dos mundos opuestos y complementarios, compañeros hasta el fin, grandes mimadores, amigos y hermanos.

Pienso en todos mis becarios Erasmus Mundus, que me hicieron mejor persona, mejor mujer, decididamente artista. Hoy lloro pensándolos y empieza a llover. París, el término. París, el comienzo. París plagado de lluvia. Dos años de gloria, acabando. ¡Todo renace!

(…)

En Sevilla: Bryant, Maico, Alejo, Bea: más gente querida. Acercarse a una nueva despedida.

2 comentarios:

Pablo Berned dijo...

Deixando a escrita se guiar pelas impressões... Muito bonito teu texto, Bertha... Sucesso na defesa!

bertha díaz dijo...

:) la vida en el texto. o el texto en la vida. nos fue muy bien en la defensa. gracias!

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