Y sin embargo, no temí al elefante gigante. El paquidermo repentinamente venía nadando hacia a mí y mientras nosotros cuatro charlábamos sumergidos en esas inmensas aguas -a penas nos veíamos los rostros-, él siguió sereno, desplazándose siempre hacia el frente.

2 comentarios:
Ahora que lo pienso nunca soñé con un elefante. Tanto tiempo que no escribías algo, todo en orden?
saludos
en desorden, adorable e insoportable desorden. estoy ya en el cono sur, en mi tierra :D cuando quieras, eres bienvenida!!!!
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