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anoche volví a tener uno de esos sueños que me dejan trastocada la vigilia posterior. en el sueño estaba junto a mi madre, mi tía y mi abuela -fallecida- de pie en medio de quién sabe dónde, mirando a unas edificaciones enormes. yo reconocía el sitio de admirable belleza y les comentaba qué lugar era, pero al mismo tiempo me asustaba y me resultaba ajeno, aunque no lo decía. el temor interno se provocaba porque lo que veía parecía al mismo tiempo que estuviera delante mío y no. todo era tan gigante y tan luminoso, que resultaba aplastante e irreal. mi abuela me decía: volverás aquí, tendrás que viajar siempre y no temerás a la belleza.
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me levanto confusa. me doy una ducha y me conecto a internet. la noticia de japón es un golpe escalofriante. pienso en el alboroto del pacífico y tomo conciencia de eso que a veces resulta una abstracción para mí: la geografía. habito uno de los puertos que miran a este océano que ahora no es tan pacífico. pienso en la habana, en las imágenes del sueño que extrañamente siento aún en la retina y me digo a mí mismo: todo es tan gigante y tan luminoso, que resulta aplastante e irreal.
no hay que temer a lo vivo tampoco al recuerdo ni a los sueños, que son parte de lo mismo.

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